22/06/08

Crematogaster alluaudi, las hormigas granjeras


Crematogaster alluaudi es una especie de hormiga endémica de Canarias, que vive en las islas occidentales, y que puede observarse en gran variedad de hábitats, pero sobre todo en pinares secos y matorrales de cumbre.

Se reconocen con relativa facilidad por tener la cabeza y el tórax de color rojizo, en contraste con el gastro (que es la parte ensanchada del abdómen) de color oscuro y con una característica forma de corazón. Cuando se sienten amenazadas elevan el gastro hacia arriba emitiendo una feromona de alarma que moviliza a las hormigas cercanas para atacar al intruso.

Sus colonias suelen ubicarse en la base de los árboles, en troncos muertos o bajo piedras y durante el día patrullan por las ramas de los árboles y arbustos en busca de alimento. Estas hormigas son bastante golosas, así que suelen alimentarse del néctar de las flores y de la melaza que segregan los pulgones, aunque de vez en cuando también capturan presas vivas como larvas de algunos insectos.

La fotografía fue realizada en una zona de pinar en Fasnia (Tenerife). Este grupo de hormigas se encontraba sobre las vainas de un escobón (Chamaecytisus proliferus) cuidando su "rebaño" de pulgones. No deja de sorprender el mimo con el que atienden su granja y "ordeñan" a los pulgones para obtener la preciada melaza.

Ruta: Pista del Filo (Las Cañadas del Teide)


(pasa el ratón por encima para desplazarte por la foto)

Todos los años me gusta hacer alguna ruta por Las Cañadas del Teide, durante la época de floración. En esta ocasión me he decantado por la Pista del Filo, un camino que nos lleva a las cumbres del anfiteatro de Las Cañadas. Se trata de una ruta muy llevadera, ya que apenas hay pendientes.

El recorrido comienza en el tramo de carretera que une Izaña con El Portillo, aproximadamente entre el K.38 y el K.39. Durante la primera parte de la ruta la vegetación es bastante monótona, encontrando casi exclusivamente retamas del Teide (Spartocytisus supranubius) y hierbas pajoneras (Descurainia bourgeauana); ambas se encuentran en plena floración, aunque parece que este año las retamas han tenido una floración bastante floja. Sobre las flores de la hierba pajonera abunda la pequeña chinche endémica Eurydema lundbladi, la mayoría copulando. También hay algunos ejemplares más o menos dispersos de rosalito de cumbre (Pterocephalus lasiospermus), alhelí del Teide (Erysimum scoparium) y tonática (Nepeta teydea).

Un movimiento bajo una retama me hizo tirar de los prismáticos: se trataba de un petirrojo (Erithacus rubecula) rebuscando entre los ciscos del suelo; muy cerca, un mirlo (Turdus merula) huye al percatarse de mi presencia. Estas dos especies no se reproducen en la alta montaña de Tenerife, pero suelen acudir en verano aprovechando la gran abundancia de insectos en esta época del año. Las aves más frecuentes son el mosquitero canario (Phylloscopus canariensis) y el bisbita caminero (Anthus berthelotii). También pude observar algunos ejemplares de alcaudón real (Lanius meridionalis) en sus oteaderos sobre las retamas y un macho cantando de curruca tomillera (Sylvia conspicillata).

Primeras luces del día sobre el Llano de Maja

Más adelante se llega al Llano de Maja, un paraje de gran simbología aborígen y donde incluso se presume que yacen enterrados los cuerpos de varias víctimas de la represión franquista. En el centro del llano hay un recinto vallado, construido para proteger de muflones y conejos una población de cardo de plata (Stemmacantha cinaroides), uno de los endemismos vegetales más amenazados del Parque.

Cardo de Plata (Stemmacantha cinaroides)

El camino continúa hasta la Degollada de Abreu, punto limítrofe entre los municipios de Fasnia, Arico y La Orotava. Desde aquí ya se puede ver a la izquierda la cima del Volcán de Siete Fuentes, uno de los volcanes históricos que entró en erupción hace unos 300 años. Tras un suave descenso el camino se asoma por fin al filo del arco de Las Cañadas, concretamente en el Risco de Diego Hernández. La vista del Parque Nacional desde este punto es inmejorable, y no me pude resistir a sacar una serie de fotografías para montar una imagen panorámica. Un panel explicativo señala alguno de los hitos más interesantes que se pueden observar.

Aquí la vegetación se hace más rica. Hay algunos pies de taginaste rojo (Echium wildpretii) cuyas flores son visitadas por numerosos insectos polinizadores, sobre todo por abejas de la miel (Apis mellifera). También es muy abundante el cabezón del Teide (Cheirolophus teydis), que aún no ha florecido. Con la ayuda de los prismáticos consigo localizar algunos pies de cedro (Juniperus cedrus), que sobreviven anclados a las grietas de los riscos. Otros endemismos interesantes que pude ver por esta zona son el perejil de cumbre (Pimpinella cumbrae), el tomillo de cumbre (Micromeria lachnophylla), la flor del malpaís (Tolpis webbii), la crespa o pinillo blanco (Plantago webbii) o la chahorra del Teide (Sideritis eriocephala), entre otras.

Aunque la pista continúa varios kilómetros más hasta llegar a las inmediaciones de Montaña Guajara, por falta de tiempo decidí finalizar aquí la ruta y emprender el regreso.

20/06/08

El Gran Volcán. La Caldera y El Pico de Bandama


Hace poco ha caído en mis manos este libro sobre uno de los espacios naturales de mayor interés y simbología de la isla de Gran Canaria. Los coordinadores de esta publicación son Alex Hansen y Claudio Moreno, geógrafos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y especialistas en geomorfología volcánica y transformación del paisaje, que han contado con la colaboración de diferentes autores para el desarrollo de los 13 capítulos que componen esta obra.

Con una edición muy cuidada, que incluye numerosas fotografías y gráficos explicativos, el libro recorre el medio físico, biológico y humano de La Caldera y El Pico de Bandama. Son de destacar por su profundidad y gran lujo de detalles los capítulos que describen la evolución volcánica del espacio natural, y aquellos dedicados a la historia y el poblamiento humano de Bandama.

En el último capítulo se describen pormenorizadamente 5 itinerarios para recorrer La Caldera, lo que otorga a esta publicación una gran utilidad práctica, y que a buen seguro animará a muchos de sus lectores, entre los que se incluye el que suscribe, a recorrer y empaparse de los senderos del Gran Volcán.

Como colofón, el libro incluye sendos mapas muy detallados de las formaciones vegetales y la geología de este espacio, que serán de gran ayuda a la hora de descubrir e interpretar su paisaje natural.

"El Gran Volcán. La Caldera y El Pico de Bandama", un libro que no puede faltar en la biblioteca del naturalista canario.